Un domingo 3 de noviembre del año 2002, el saladeño Luis Escobar hacia su debut como piloto en el TC 4000 de A.P.A.C, en la séptima fecha de aquel certamen antes mencionado. Todo empezó una semana antes de la competencia. José Pedro Ramírez tenía en su taller el Chevrolet listo aunque el motor se había dañado en unas pruebas realizadas en el circuito improvisado de Saladas: El acceso a nuestra localidad adjunto el “triangulo”.
Escobar visita el taller de Ramírez el sábado 26 de octubre de aquel año, es decir una semana antes de la competencia. Luis, consultó la posibilidad de poder correr la Chevy azul el fin de semana entrante y tras acordar entre ambos, Escobar envía el motor a una rectificadora chaqueña y el mismo llegó el miércoles 30, terminándose de armar el jueves 31 por la noche, momento en que se pone en marcha para asentarlo, mientras que los días anteriores (lunes y martes) se trabajó minuciosamente en el chasis en los frenos y en la transmisión.
Finalmente en la siesta del viernes 1 de noviembre, Escobar tiene su primer contacto con la unidad en la ruta acceso a Saladas, y por desgracia los problemas de temperatura aparecen y la junta de la tapa de cilindros dijo basta. Se volvió al taller, mientras los muchachos desarmaron el auto Escobar viajó a Resistencia en búsqueda del elemento especial que se había dañado, esa misma noche el auto vuelve a sonar en el taller y la alegría de todo un equipo se reflejaba en sus rostros.
Llegó el momento tan esperado por todos, El día: Sábado 2 de Noviembre; El lugar: Autódromo Santiago “Yaco” Guarnieri de Resistencia. El número: 84.
Más que un proyecto, era un sacrificio ya que esa Chevy azul le demandó a Ramírez más de tres años para construirla. Mientras que Escobar como antecedente venía de sentarse al lado de Rodolfo Jaime dos años atrás.
14:03 indicaba el reloj cuando los hermanos Escobar debutaban: Luis como piloto y Daniel como su acompañante, la Chevy como el tercer auto de competición de Saladas.
Luego de un giro al recinto en las pruebas libres, la bomba de combustible comienza a mermar, Luis ingresa al box y se cambia la bomba dañada, y así se logra poder girar toda la tarde en la cual Escobar solo realizo tres trompos en toda la jornada, ya eran los primeros indicios de iba a ser un fin de semana bastante positivo, hasta que a falta de una vuelta para culminar la actividad libre, en su paso por la recta principal el auto despedía un humo azul de el lado izquierdo, todos pensaron que era el motor, hasta que ingresa a boxes y resultó ser un rodamiento delantero que fue cambiado en cuestión de minutos. Los ánimos estaban intactos.
Entonces llega el domingo 3 de noviembre, luego de girar en las pruebas de los tanques llenos, previa a la clasificación y las dos finales, la lluvia se suma como protagonista.
El team saladeño rápidamente reconfigura el auto y Escobar clasifica bajo agua para largar desde la 14º colocación en la primer final, en la cual supo mantenerse firme con un auto que no iba fuerte pero era constante, el 12º puesto y el debut vinieron de la mejor manera.
Debido al sistema de penalizaciones, la segunda final significaba prácticamente una carrera aparte ya que se invertía la grilla de acuerdo al orden de llegada, es decir que los primeros en llegar en la primer carrera, largaban la segunda desde el fondo, a su vez los de mitad de pelotón hacia atrás se encolumnaban en los primeros cajones de partida.
El 12º lugar de Escobar significó que partiera la segunda final desde el 4º puesto, claro, siempre con el piso húmedo.
Y así un poco más afianzado llegó 10º logrando una excelente colocación si comparamos el nivel tanto de los competidores como de los otros autos que estaban bastante más adelantados tanto en materia de desarrollo como de insumos de competición.
Los aplausos de los muchachos del equipo de Saladas que se montaron sobre el muro de boxes para agasajar a Luis y a Daniel en su paso por la recta principal parecían como si se hubiese logrado campeonar. Claro, no podía ser de otra manera.
Feliz séptimo aniversario al piloto Luis Escobar, a la Chevy y a su constructor José Pedro Ramírez, como así también a los muchachos que fueron testigos de aquella hazaña: Antonio Rivero; Manuel Martínez; Santiago Martínez y Claudio Ramírez.